viernes, 28 de agosto de 2015

5.000 caracteres para enamorarse

(Amy y Roger, de Morgan Matson)


“Después de todo, nunca se sabe adónde te llevará el camino.”

Siempre había dado por sentado que esas constantes, tan básicas, no cambiaría nunca. En aquel momento, ni siquiera lo había considerado nada especial. Y ahora habría dado cualquier cosa porque todo volviera a ser igual.

“Y tampoco sé nunca cuándo me he perdido. Lo que es una mala combinación, porque siempre pienso que si continúo por un camino el tiempo suficiente al final todo saldrá bien.”

“–Eso es escurrir el bulto. Decir que te gusta todo es como
decir que no te gusta nada.

Pero yo creo que todavía hay un montón de cosas por descubrir. Solo tienes que prestar atención.

“–Decir adiós es como asumir que no vas a volver a ver a una persona. Es aceptar que esa sea la última conversación que tengáis. Así que, si no lo dices, si dejas la conversación abierta, significa que tendrás que volver a verla.

Lo importante es que nunca podrás decirle nada más.

Don Quijote nunca encontró a su Dulcinea, ¿verdad? Así es. A veces no hay mucha diferencia entre emprender la misión de un caballero y arremeter contra molinos de viento.

“Tienes que estar orgulloso de tu hogar. Eres de donde vienes. De lo contrario, siempre estarás perdido.”

“No necesitas marcharte para saber dónde está tu hogar. Todo el mundo sabe dónde está su hogar. Y, si no lo sabes, es que tienes un problema.”

Mañana mejorará.
Pero ¿y si no es así?
Walcott sonrió y soltó el CD.
En este caso, te lo repites mañana. Porque podría pasar. Nunca se sabe, ¿no? En algún momento, mañana mejorará.

“–El sentido es que puedes hacer algo extraordinario –dijo mi padre–, algo que mucha gente no puede hacer. Si tienes la ocasión de desarrollar tus talentos, sería un crimen no hacerlo. Después de todo, renunciar porque algo se vuelve demasiado difícil es un signo de debilidad, ¿no te parece?

Comprendí que éramos libres.”

“–Es comprensible. Pero no puedes permitir que eso te detenga, ¿no?

Pero no puedes permitir que eso te detenga. Es decir, si tienes talento par algo, no me parece bien no desarrollarlo solo porque sea complicado o porque tengas miedo.

Uno nunca sabe cuánto tiempo le queda.

“–Así que creo que tenemos que estar abiertos a lo que pase. No podemos saber exactamente lo que nos espera.

“–Siempre ocurre así.
¿El qué?
Los mejores descubrimientos siempre les suceden a las personas que no están buscándolos.


Y por esto, Amy y Roger merece ser leído. Es un libro fantástico que con una historia aparentemente sencilla te llena un libro de sabiduría. Podéis leer también mi reseña y pasar directamente al libro, seguro que no os defraudará.


RESEÑA: Amy y Roger, de Morgan Matson

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